C13

INGENIEROS ESCUCHARON COLORES EN EL PUERTO DE VERACRUZ

Nota informativa
Por Bianca Díaz Peimbert
congress

Neil Harbisson – Eyeborg
Foto recuperada de la página oficial de Facebook del C13

                El pasado Jueves 21 y Viernes 22 de Marzo del 2013, se llevó a cabo el décimo tercer Congreso Internacional de Ingeniería Industrial y Tecnologías de Información C13, el cual tuvo como nombre Rompiendo Paradigmas. La sede fue en el World Trade Center, ubicado en el puerto de Veracruz.
Participaron conferencistas de diversos países, como: Neil Harbisson, del Reino Unido; Julio César Ardita, de Argentina; Alonso Quesada, de Colombia; así también otros ponentes como René Tovar, Emir Hernández y Mario Valle, de México; representantes de CISCO, Electronic Arts, Texas Instruments, Adobe y NVIDIA.

El conferencista principal, y por el cual también el lema del congreso fue Tu también escucharás colores, fue Neil Harbisson, quien nació con acromatismo (no ve a color) y buscó una solución a eso. Él es un cyborg, humano con tecnología integrada en su cuerpo. La tecnología que el integró a su cuerpo fue un ojo electrónico, que consta de una antena que sostiene al ojo y la lleva implantada en su cráneo y, con este aparato, él es capaz de percibir los colores mediante los sonidos que se producen cuando el ojo electrónico detecta un color. Esto es gracias a que el color es una frecuencia de luz y cada color tiene una distinta, por lo cual Neil escucha un sonido diferente para cada color y tonalidad. La finalidad de este cyborg fue invitarnos a implantar tecnología en nuestro cuerpo, él decía que cómo iba a ser posible que ya se estuviera implementando tecnología en aparatos (como sensores) y en nosotros no, que incluso sería más útil.

Sin duda, esta conferencia fue, a mi parecer, la mejor. La manera en que Habirsson la abordó fue muy buena e interesante, pues también mostró al auditorio como es que el escucha por ejemplo, la imagen de un arcoíris, es toda una melodía, ya que tiene distintos colores y por cada uno se produce un sonido diferente.

ROB

Robot Humanoide NAO
Foto recuperada de la página oficial de Facebook del C13

 Otra conferencia muy buena fue la de Julio César Ardita, quien fue el primer latinoamericano en hackear la red de la NASA. Él contó cómo fue que todo esto pasó, así como las secuelas que tuvo. A sus 20 años, fue que todo esto ocurrió. Comentó que todo pasó un día que el regresó de casa de su novia y su familia estaba en el comedor, esperándolo y cuando él llegó y los vio ahí sentados, preguntó “¿qué pasó?”, a lo que ellos le respondieron que rato antes, habían llegado la CIA, FBI, entre otras instituciones, y que se habían llevado todas las computadoras sin decir algo al respecto. Ni él sabía que era lo que había hecho. Tiempo después, llegó a juicio oral, en el que se llegó al acuerdo de que iba a pagar 5,000 dólares de multa. Posteriormente, todo esto que pasó lo benefició porque lo contrataron para evitar que otras personas ingresaran a sistemas de este tipo de instituciones, ya que él sabía cómo se hacía.

Su conferencia estuvo muy interesante, y con un toque de humor. Julio es una persona muy agradable y dispuesta a compartir su experiencia con la gente, como se pudo ver en este evento.
El colombiano Alonso Quesada, también participó en este congreso. Dio una conferencia titulada Innovación Sistemática, en la cual nos alentó a “pensar fuera de la caja”, es decir, salirnos de lo común. Fue una conferencia muy útil para todos los ingenieros, ya que actualmente se necesita innovación para tener éxito en algún producto o compañía, puesto que cada vez más hay más competencia entre diversas empresas o línea de productos, y tenemos que hacer que el producto que vayas a crear tenga algo diferente sobre los demás existentes en un mercado.
En este congreso, también se hicieron demostraciones, exposiciones y concursos relacionados con productos tecnológicos y de aplicación en ingeniería, como lo son: Texas Instruments (calculadoras especializadas),robots humanoides, videojuegos, Adobe Flex (software para creación de aplicaciones para dispositivos móviles). Los concursos que se llevaron a cabo fueron los de Resolución de casos, por Texas Instruments, y Diseño de Apps, por Adobe.

El evento llevado a cabo en el World Trade Center fue de agrado para los participantes, ya que los ponentes los alentaron a buscar la innovación, creación y aplicación de la tecnología en industrias y productos. Motivaron al público a siempre buscar una solución para todo, no quedarse con la idea de que las cosas se solucionan de una forma nada más, ya que, como ellos dicen, puede haber mil formas de realizar o solucionar una misma cosa.

 

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Crónica de viaje

Ciudad nocturna

01 de Marzo del 2013
Escrito por Alejandra  González Sanoja
Editado por Alma Mantilla
   El siguiente es una crónica descriptiva acerca de mi experiencia personal de la llegada y la partida acontecida en la ciudad de Cancún, México en el 2006. Se describirán los acontecimientos, sensaciones e imágenes, vividos personalmente durante el viaje.
 cancun

            Nunca olvidaré la primera vez que pude contemplar la blanca arena y el claro azul del mar de Cancún, México. Todo comenzó el 1 de julio del 2006, cuando nos encaminamos hacia esta hermosa ciudad. Recién llegaba, junto con mis padres y mis dos hermanas cuando comenzaba a sentir los estragos del largo viaje de aproximadamente 22 horas en automóvil desde mi ciudad natal del puerto de Veracruz. El plan era encontrar a la hermana de mi mamá quien reside en la ciudad. Recuerdo haber sentido una enorme intriga por volver a ver a mi tía después de 10 años, realmente no guardaba ninguna imagen mental propia sobre su apariencia o su personalidad, esto debido principalmente a mi corta edad cuando ella decidió mudarse, solo tenía ciertas imágenes construidas con base en fotografías y relatos contados por mis padres. Dicha intriga tuvo fin tan pronto nos encontramos con ella, puesto que todo el ambiente se mezcló con un sentimiento de familiaridad, bromas viejas y sobretodo de recuerdos compartidos entre las dos hermanas; los cuales,  alcanzarían para mantenerme ocupada durante toda la tarde.

   La misma noche de mi llegada, experimenté por primera vez la vida nocturna de Cancún. Es extraordinaria la sensación de estar en un espacio completamente desconocido y tan diferente. La noche estaba alumbrada por las múltiples luces de las plazas, de los majestuosos hoteles, bares y extravagantes discos. Pude contemplar que una gran parte de las personas que transitaban las calles y avenidas del lugar eran extranjeras, variedad de acentos e idiomas se escuchaban por doquier. Confirmé entonces lo que siempre había escuchado sobre las ciudades con una vida nocturna agitada, gracias al viaje que apenas comenzaba a la ciudad de Cancún en donde todo ocurre rápidamente y no solo en un idioma, rompiendo numerosas fronteras al mismo tiempo. Ahora evoco esas imágenes y las comparo con el actual Veracruz, y sé que está en un proceso de transformación que en un futuro igualará a la vida en Cancún.

   Después de dos semanas recorriendo las espectaculares zonas turísticas y playas de Cancún, llegó el día de tan inevitable partida. Intentando prolongar lo más posible la despedida, tuvimos que emprender el regreso, no sin cierta melancolía por dejar atrás a las personas unidas a nosotros por el fuerte lazo de la sangre  y a tan bello lugar. De este modo recorrimos de nuevo el camino que nos trajo, pero ahora en la dirección opuesta, hacia mi tradicional Veracruz.

 

 

 

 

Crónica de viaje

El Monstruo de Asfalto

02 de Marzo del 2013
Escrito por Alma Mantilla    
“La ciudad no es una jungla de asfalto, sino un zoológico humano.” (Morris, 1969)

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            Aquella vez salí como de costumbre de mi querido y armonioso puerto, alejándome momentáneamente de la cálida brisa marina me adentré en un escenario completamente desconocido para mí. Las personas hablan y siempre dicen cosas sobre la gran ciudad; que si el metro, si los estadios, si las personas o si el ritmo de vida. Lo cierto es que en la gran ciudad nada es lo que esperas.

          Iba en el autobús, el típico autobús de la compañía más comercial de nuestro país, el que se hace llamar  “la línea de primera”,  compañía que se demora eso de 6 horas en llegar al gran destino, dónde a lo largo del trayecto pasas por las diferentes autopistas que se han creado en el país y al salir de lo conocido de mis fronteras me encuentro con más pueblitos y ciudades como la mía, pero todas diferentes entre sí; con habitantes más agradables, indiferentes, desinteresados o incluso peligrosos. Al pasar de las horas, llego a mi destino, bajo del autobús encontrándome con ese monstruo desconocido para mí donde la cantidad de árboles disminuye como la cantidad de aire puro, donde en lugar de áreas verdes encuentro numerosas zonas cubiertas de asfalto. La Ciudad de México es aún mejor de lo que imaginaba. 

          Observo como las personas no caminan como lo hacen las personas de donde yo vengo, aquí, la gente camina de prisa como si corriera,  mezclándose entre ellos pero sin confundirse; claramente puedo observar la diversidad de seres conglomerados en un mismo espacio, personas que visten de traje llevando papeles en sus maletines de cuero, sujetos vistiendo los comerciales Vans negros, pantalones entubados y playeras con motivos depresivos, señoras de vestidos largos y bolsos de mano, estudiantes con su vestimenta típica de colegiales y sujetos con cabellos de colores, rastas, tatuajes o perforaciones corporales.

          La ciudad de México es una mezcla de tribus, una mezcla de criaturas completamente diferentes a lo que suelo identificar como mi comunidad. Es un zoológico humano donde todos interactúan en un mismo hábitat independientemente de lo iguales o diferentes que sean entrelazándose mientras avanzan en su camino hasta llegar a su objetivo y desaparecer sin establecer contacto unos con otros.

         Aquella vez viajé a la Ciudad de México viniendo de una ciudad pequeña y uniforme, quedé impresionada por su diversidad y el ritmo de vida en el que se desenvuelven sus habitantes. Ahora comprendo que a tan solo unos kilómetros de diferencia las civilizaciones pueden ser completamente distintas, en este caso, más liberales, más atareadas e indiferentes.

          Al llegar a la gran ciudad, también comprendí  lo que señala Fuller  en  su publicación Los Notables de Inglaterra  “Una gran ciudad es, por desgracia para muchos, un gran desierto.”  (Fuller, 1969).

Referencias:
 Fuller, T., Frases célebres. Recuperado el 02 de marzo del 2013 en: http://www.proverbia.net/citasautor.asp?autor=385
Morris, D.  El zoo humano. Recuperado el 02 de marzo del 2013 en:
http://fierasysabandijas.galeon.com/enlaces/libros/zoohum2.pdf

Crónica de un viaje

Un paseo en el hogar de Walt Disney

02 de Marzo del 2013
Escrito por Bianca  Díaz Peimbert
Editado por Alma Mantilla

disney

¡Por fin llegamos!”, fue lo primero que dije al bajar del avión cuando llegué a Orlando, Florida. Recuerdo que esa fue la primera vez que viajé en avión y salí del país,  tenía 10 años.

Ir a Orlando, Florida, siempre había sido mi sueño, desde niña veía en la televisión imágenes del parque de diversiones, Disneyland, decía “¡quiero ir ahí!” y corría a decirle a mis papás que quería ir a Orlando. Al decir “Orlando”, me refería a ese parque; así era como yo lo relacionaba. Después de casi 3 años, mi sueño se cumplió. Fuimos todos los de la familia (mis hermanos, mis padres, y yo) a esta ciudad de los Estados Unidos. Mis papás le  pagaron a una agencia de viajes que se encargó de ver todo lo relacionado con el viaje, desde el trámite de la visa hasta el itinerario y hospedaje.

Recuerdo que tenía miedo cuando estaba en el avión, ya que había turbulencia y yo pensaba que el avión estaba fallando, que nos íbamos a morir todos. Afortunadamente, no fue así. Simplemente yo no sabía que estas cosas suceden comúnmente cuando se viaja en una línea aérea ya que era algo nuevo para mí. Pero por esa razón fue que al llegar a la ciudad, bajando del avión, dije: “¡Por fin llegamos!”,  para mí ya estábamos a salvo.

mick2Algo que me llamó la atención fue que en el aeropuerto, bajamos las escaleras eléctricas y había un señor esperándonos, medio canoso, tenía como unos 50 años y su piel era clara. Tenía un letrero con el nombre de mi papá. Pensé que era un adivino o algo así, y decía: “Mamá, ¿quién es ese señor?, ¿por qué sabe el nombre de mi papá?, ¿por qué nos espera?, ¿a dónde nos va a llevar?”. Después me di cuenta que él iba a ser como nuestro guía y chofer. Paulo era su nombre.

Al día siguiente comenzó la aventura. Nos levantamos a las 6 de la mañana porque Paulo pasaría por nosotros a las 7 para llevarnos a uno de los parques temáticos que forman parte de Disneyland: Universal Studios. Ahí es donde graban programas que pasan en canales como Nickelodeon o Disney Channel. Tuvimos la oportunidad de entrar a la grabación de un programa de niños. No recuerdo el nombre, pero me gustó. También vimos una recreación de Indiana Jones. Eso fue lo mejor, pues los efectos que utilizaron fueron muy buenos. Cuando en las escenas ponían efecto de fuego, también hacían que en la sala donde estábamos se sintiera el calor de ese “fuego”. Fue una experiencia bonita poder haber visto cómo graban un show o programa de TV y también presenciar la historia de Indiana Jones y sintiendo  lo que siente el personaje.

Terminamos casi muertos, estábamos muy cansados. Los parques temáticos de Disneyland son gigantes; estuvimos ahí hasta las 10 de la noche, y al otro día continuaba la aventura, pues Paulo nos llevó a un parque temático distinto: Magic Kindom. Recuerdo que en este lugar fui bombera y también princesa. Lo más bonito para mí fue que estaba el castillo de Cenicienta, y en la noche Mickey, Minnie y Donald  hicieron un espectáculo donde al final lanzaron fuegos artificiales, haciéndose iluminar al castillo de la princesa. Fue una escena que seguido viene a mi cabeza.

Por otro lado quedé traumada, ya que a mis papás se les ocurrió entrar a un espacio que se llamaba “It’s a Small World”, donde nos subimos a una balsa e hicimos un recorrido donde se mostraban varios países y se representaba cómo era su cultura. Para mí y mis hermanos, este paseo fue eterno y nos aburrimos mucho. Además que todo el paseo escuchamos la misma canción, que era cantada por unos niños. La canción se escuchaba un poco tétrica y nos tenía mareados.

A la mañana siguiente, Paulo nos llevó a Epcot, este parque es de cultura y tecnología. Hay construcciones que representan a algunos países, incluyendo México, restaurantes de comida china, japonesa, mexicana, entre otros. Algo que quedó en mi memoria fue que mi papá se comió una pierna gigante… era  pavo. Yo no las conocía, y me impresionó el tamaño. Entramos a una casa del futuro. Se abría con la huella dactilar. En ese momento recordé que mi casa se abría con llave y me sentí frustrada porque yo quería poder poner mi huella dactilar e ingresar a mi casa. Toda la casa estaba equipada con alta tecnología. Esa noche soñé que más grande me casaba y mi esposo compraba una casa así y yo era muy feliz.

Después varias horas de entretenimiento, nuestro guía fue por nosotros y nos llevó a un espectáculo medieval, era como un torneo o juegos de competencia. Los caballeros eran muy guapos, todos vestidos al estilo medieval y con armaduras. La mayoría eran de piel clara, altos, y ojos claros. Uno de ellos lanzó rosas al público; yo no quería que me aventara una rosa a mí, pues me hubiera dado mucha pena.

Los caballos eran blancos como la nieve, desde ahí se me dio el amor por estos hermosos animales. Lo mejor de ese espectáculo, sin duda, fue la cena. Sopa de verduras con cebolla, pollo horneado, papas… Yo no podía comer más, eran platillos gigantes, pero sabía que si decía algo escucharía a mi mama decirme: “¡Te lo comes!”, como cuando estaba en mi casa y me quejaba de que algo no me gustaba o cuando ya estaba satisfecha y no quería comer más, así que me lo comí.

mick1El último día de paseo, Paulo nos llevó a Animal Kindom. Este parque fue el mejor. Sin embargo no recuerdo mucho. Lo único que viene a mi mente es  que tenía un espacio dedicado a Jurassic Park y era de aventura. Nos subimos a un juego de agua. Era un carrito que simulaba un tronco y ahí íbamos 10 pasajeros. Primero paseamos tranquilamente por el agua, pero después llegamos a una bajada muy empinada, yo sentía que iba a salir volando del tronco. Fue una experiencia increíble, ir a una velocidad rapidísima es lo mejor. Cuando nos bajamos, vimos que nos habían tomado una foto justo en la bajada, y, lo admito, me veía muy fea. Todos teníamos una cara de espanto, debido a la velocidad a la que íbamos, y el aire causó que se nos deformara un poco la cara. Al Término este día, faltaban sólo unas horas para regresarnos a Veracruz. Paulo fue por nosotros, él siempre tan puntual, y nos llevó de regreso al hotel para descansar y arreglar maletas. Dormimos sólo 4 horas hasta que  Paulo llegó de nuevo y nos llevó al aeropuerto. Yo no me quería ir, quería quedarme a vivir en el castillo de Cenicienta, o tal vez en la casa del futuro, pero eso era realmente imposible, así que no dije nada y subí al avión… Veracruz me esperaba.

Quedé encantada con este viaje, toda la gente que trabajaba en los parques temáticos era realmente muy agradable, aunque la verdad, yo sólo escuchaba puro “bla, bla, bla”, pues aun no entendía el inglés;  todos siempre sonreían y se notaba que estaban felices de tenernos ahí; me recordaban a mis tíos, ya que siempre que los visitamos están así de felices. Recuerdo aquella vez como una de las ocasiones que más unidos estuvimos como familia pues estaba viviendo mi sueño, pero siempre  con ellos a mi lado.