Crónica de un viaje

Un paseo en el hogar de Walt Disney

02 de Marzo del 2013
Escrito por Bianca  Díaz Peimbert
Editado por Alma Mantilla

disney

¡Por fin llegamos!”, fue lo primero que dije al bajar del avión cuando llegué a Orlando, Florida. Recuerdo que esa fue la primera vez que viajé en avión y salí del país,  tenía 10 años.

Ir a Orlando, Florida, siempre había sido mi sueño, desde niña veía en la televisión imágenes del parque de diversiones, Disneyland, decía “¡quiero ir ahí!” y corría a decirle a mis papás que quería ir a Orlando. Al decir “Orlando”, me refería a ese parque; así era como yo lo relacionaba. Después de casi 3 años, mi sueño se cumplió. Fuimos todos los de la familia (mis hermanos, mis padres, y yo) a esta ciudad de los Estados Unidos. Mis papás le  pagaron a una agencia de viajes que se encargó de ver todo lo relacionado con el viaje, desde el trámite de la visa hasta el itinerario y hospedaje.

Recuerdo que tenía miedo cuando estaba en el avión, ya que había turbulencia y yo pensaba que el avión estaba fallando, que nos íbamos a morir todos. Afortunadamente, no fue así. Simplemente yo no sabía que estas cosas suceden comúnmente cuando se viaja en una línea aérea ya que era algo nuevo para mí. Pero por esa razón fue que al llegar a la ciudad, bajando del avión, dije: “¡Por fin llegamos!”,  para mí ya estábamos a salvo.

mick2Algo que me llamó la atención fue que en el aeropuerto, bajamos las escaleras eléctricas y había un señor esperándonos, medio canoso, tenía como unos 50 años y su piel era clara. Tenía un letrero con el nombre de mi papá. Pensé que era un adivino o algo así, y decía: “Mamá, ¿quién es ese señor?, ¿por qué sabe el nombre de mi papá?, ¿por qué nos espera?, ¿a dónde nos va a llevar?”. Después me di cuenta que él iba a ser como nuestro guía y chofer. Paulo era su nombre.

Al día siguiente comenzó la aventura. Nos levantamos a las 6 de la mañana porque Paulo pasaría por nosotros a las 7 para llevarnos a uno de los parques temáticos que forman parte de Disneyland: Universal Studios. Ahí es donde graban programas que pasan en canales como Nickelodeon o Disney Channel. Tuvimos la oportunidad de entrar a la grabación de un programa de niños. No recuerdo el nombre, pero me gustó. También vimos una recreación de Indiana Jones. Eso fue lo mejor, pues los efectos que utilizaron fueron muy buenos. Cuando en las escenas ponían efecto de fuego, también hacían que en la sala donde estábamos se sintiera el calor de ese “fuego”. Fue una experiencia bonita poder haber visto cómo graban un show o programa de TV y también presenciar la historia de Indiana Jones y sintiendo  lo que siente el personaje.

Terminamos casi muertos, estábamos muy cansados. Los parques temáticos de Disneyland son gigantes; estuvimos ahí hasta las 10 de la noche, y al otro día continuaba la aventura, pues Paulo nos llevó a un parque temático distinto: Magic Kindom. Recuerdo que en este lugar fui bombera y también princesa. Lo más bonito para mí fue que estaba el castillo de Cenicienta, y en la noche Mickey, Minnie y Donald  hicieron un espectáculo donde al final lanzaron fuegos artificiales, haciéndose iluminar al castillo de la princesa. Fue una escena que seguido viene a mi cabeza.

Por otro lado quedé traumada, ya que a mis papás se les ocurrió entrar a un espacio que se llamaba “It’s a Small World”, donde nos subimos a una balsa e hicimos un recorrido donde se mostraban varios países y se representaba cómo era su cultura. Para mí y mis hermanos, este paseo fue eterno y nos aburrimos mucho. Además que todo el paseo escuchamos la misma canción, que era cantada por unos niños. La canción se escuchaba un poco tétrica y nos tenía mareados.

A la mañana siguiente, Paulo nos llevó a Epcot, este parque es de cultura y tecnología. Hay construcciones que representan a algunos países, incluyendo México, restaurantes de comida china, japonesa, mexicana, entre otros. Algo que quedó en mi memoria fue que mi papá se comió una pierna gigante… era  pavo. Yo no las conocía, y me impresionó el tamaño. Entramos a una casa del futuro. Se abría con la huella dactilar. En ese momento recordé que mi casa se abría con llave y me sentí frustrada porque yo quería poder poner mi huella dactilar e ingresar a mi casa. Toda la casa estaba equipada con alta tecnología. Esa noche soñé que más grande me casaba y mi esposo compraba una casa así y yo era muy feliz.

Después varias horas de entretenimiento, nuestro guía fue por nosotros y nos llevó a un espectáculo medieval, era como un torneo o juegos de competencia. Los caballeros eran muy guapos, todos vestidos al estilo medieval y con armaduras. La mayoría eran de piel clara, altos, y ojos claros. Uno de ellos lanzó rosas al público; yo no quería que me aventara una rosa a mí, pues me hubiera dado mucha pena.

Los caballos eran blancos como la nieve, desde ahí se me dio el amor por estos hermosos animales. Lo mejor de ese espectáculo, sin duda, fue la cena. Sopa de verduras con cebolla, pollo horneado, papas… Yo no podía comer más, eran platillos gigantes, pero sabía que si decía algo escucharía a mi mama decirme: “¡Te lo comes!”, como cuando estaba en mi casa y me quejaba de que algo no me gustaba o cuando ya estaba satisfecha y no quería comer más, así que me lo comí.

mick1El último día de paseo, Paulo nos llevó a Animal Kindom. Este parque fue el mejor. Sin embargo no recuerdo mucho. Lo único que viene a mi mente es  que tenía un espacio dedicado a Jurassic Park y era de aventura. Nos subimos a un juego de agua. Era un carrito que simulaba un tronco y ahí íbamos 10 pasajeros. Primero paseamos tranquilamente por el agua, pero después llegamos a una bajada muy empinada, yo sentía que iba a salir volando del tronco. Fue una experiencia increíble, ir a una velocidad rapidísima es lo mejor. Cuando nos bajamos, vimos que nos habían tomado una foto justo en la bajada, y, lo admito, me veía muy fea. Todos teníamos una cara de espanto, debido a la velocidad a la que íbamos, y el aire causó que se nos deformara un poco la cara. Al Término este día, faltaban sólo unas horas para regresarnos a Veracruz. Paulo fue por nosotros, él siempre tan puntual, y nos llevó de regreso al hotel para descansar y arreglar maletas. Dormimos sólo 4 horas hasta que  Paulo llegó de nuevo y nos llevó al aeropuerto. Yo no me quería ir, quería quedarme a vivir en el castillo de Cenicienta, o tal vez en la casa del futuro, pero eso era realmente imposible, así que no dije nada y subí al avión… Veracruz me esperaba.

Quedé encantada con este viaje, toda la gente que trabajaba en los parques temáticos era realmente muy agradable, aunque la verdad, yo sólo escuchaba puro “bla, bla, bla”, pues aun no entendía el inglés;  todos siempre sonreían y se notaba que estaban felices de tenernos ahí; me recordaban a mis tíos, ya que siempre que los visitamos están así de felices. Recuerdo aquella vez como una de las ocasiones que más unidos estuvimos como familia pues estaba viviendo mi sueño, pero siempre  con ellos a mi lado.

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